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La comercialización de trigo de la campaña 2020-2021 se encuentra por debajo del promedio de la campaña anterior y con un mayor porcentaje de operaciones a fijar, de acuerdo con estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

 

El dato a tener en cuenta es que las exportaciones de diciembre a febrero, más los embarques programados para marzo, suman 4,7 millones de toneladas, un volumen inferior a los negocios de las últimas cuatro campañas.

 

Según estadísticas del Ministerio de Agricultura, hasta el 3 de marzo se comercializaron 10,9 millones de toneladas. De este volumen, los exportadores se hicieron de 9,2 millones de toneladas, lo que representa un 92% de las 10 millones de toneladas proyectadas para este sector.

 

La molinería, que venía rezagada en cuanto a compras, pisó el acelerador en las últimas semanas y hasta el momento lleva adquirido 1,7 millón de toneladas, cifra que le permite acercarse al nivel de las últimas campañas. La BCR destacó que, además del menor volumen de operaciones, un 25% de las compras realizadas no tiene precio fijado, lo que representa una proporción mayor cuando se compara tanto con la campaña 2019-2020 como en el promedio de los ciclos anteriores.

 

La cosecha del trigo 2020-2021 alcanzó 17 millones de toneladas, producción que se vio golpeada por el clima. Los privados y el Estado esperaban entre 20 millones y 21 millones de toneladas, pero la seca pulverizó estas expectativas.

 

Este menor tonelaje no puso en peligro el abastecimiento de materia prima para el mercado interno pero generó tensiones entre molinos y exportadores, que pudieron cerrarse en el marco de la Mesa de Trigo, un espacio de diálogo entre el Gobierno y la cadena de valor del cultivo.

 

En febrero se registró el máximo histórico de los últimos siete años, cuando en Chicago trepó a USD249 por tonelada. A partir de ese techo, las cotizaciones ingresaron en una fase de volatilidad, mientras que en la plaza local se mantuvieron con mayor estabilidad, aunque todavía lejos de los buenos valores que alcanzaron en enero.

 

Al analizar esta reducción en el ritmo de operaciones, la entidad bursátil remarcó que responde a dos factores puntuales. Por un lado, la caída entre diciembre y febrero se explica por los problemas logísticos que las terminales portuarias de Rosario y Buenos Aires atravesaron a finales de 2020, además de la caída en los rindes de la cosecha en el norte y centro del país.

 

Según explicaron desde la Bolsa rosarina, a medida que avanza la campaña en el centro y en el sur bonaerense, las buenas proyecciones del cereal permitían anticipar una recuperación en los envío al exterior, pero advirtieron: “Esto no ocurrió, el tonelaje exportado en febrero fue el menor de los últimos cinco ciclos y esta tendencia se mantendría en marzo”.

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