La investigadora Verónica Sforzin analizó en LT35 Radio Mon Pergamino el impacto de «Magnificat Humanitas», el documento papal que advierte sobre los riesgos sociales, laborales y éticos de la inteligencia artificial.
La primera encíclica del papa León XIV, titulada Magnificat Humanitas, ha generado una fuerte repercusión internacional al abordar uno de los temas más trascendentes para el futuro de la humanidad: la inteligencia artificial. Sobre este asunto dialogó en el programa La Mañana de los Sábados de LT35 Radio Mon Pergamino la investigadora de la Universidad Nacional de La Plata, Verónica Sforzin, quien realizó uno de los primeros análisis del documento.
Durante la entrevista con Carly Antunes Clark, Sforzin destacó que la encíclica representa «un gran avance» en la reflexión sobre los efectos de la inteligencia artificial en la sociedad y recordó que el papa Francisco ya había comenzado a abordar esta problemática en distintos documentos y discursos.
«La encíclica profundiza el análisis y plantea cómo la tecnología puede desplazar al ser humano de la vida en comunidad, presentándose como una especie de solución para todos los problemas cuando, en realidad, las desigualdades siguen creciendo», explicó.
Crítica al modelo tecnológico dominante
La investigadora sostuvo que el documento no cuestiona la tecnología en sí misma, sino el modelo tecnológico impulsado por grandes corporaciones globales.
Según señaló, empresas como Amazon, Apple, Meta y Alphabet promueven una lógica donde la automatización avanza sobre el trabajo humano y sobre las estructuras sociales tradicionales.
«Hay una tecnología que puede estar al servicio del bien común y otra que está orientada a reemplazar lo humano y concentrar cada vez más riqueza y poder en pocas manos», afirmó.
El fenómeno Palantir y el transhumanismo
Uno de los aspectos más contundentes de la entrevista estuvo relacionado con la empresa Palantir Technologies y las ideas impulsadas por su cofundador, Peter Thiel.
Sforzin advirtió que ciertos sectores tecnológicos promueven visiones «transhumanistas» y «poshumanistas», donde la automatización no solo reemplaza empleos sino que plantea un futuro con una participación cada vez menor de las personas en los procesos productivos y sociales.
«Ellos hablan explícitamente de un mundo con menos trabajadores y menos intervención humana. Es una visión que genera enormes interrogantes sobre el futuro del trabajo y de la democracia», sostuvo.
Un debate ético y espiritual
Para la especialista, uno de los grandes aportes de la encíclica es colocar el debate en términos éticos y espirituales.
«El interrogante central es qué futuro queremos construir: uno donde el ser humano y la comunidad estén en el centro o uno donde la tecnología termine ocupando ese lugar», expresó.
En ese sentido, destacó que el nuevo pontífice posee formación en matemáticas y tecnología, lo que le permite comprender el funcionamiento de los algoritmos y de los sistemas de inteligencia artificial, pero también reflexionar sobre sus consecuencias humanas.
La necesidad de regular la inteligencia artificial
Otro de los ejes centrales de la conversación fue la necesidad de establecer mecanismos de regulación internacional para el desarrollo de la inteligencia artificial.
Sforzin comparó la situación actual con lo ocurrido tras la Segunda Guerra Mundial con la energía nuclear, cuando la comunidad internacional estableció límites y controles para evitar riesgos globales.
«La discusión sobre la regulación es urgente. Las grandes corporaciones hacen lobby para impedirla porque son las principales beneficiadas por la ausencia de reglas», señaló.
Además, consideró que los Estados deben asumir un papel central en la gobernanza de estas tecnologías para garantizar que su desarrollo esté orientado al bienestar social y no únicamente a intereses corporativos.
El futuro del trabajo en discusión
La investigadora también alertó sobre los efectos que la automatización ya está generando en distintos ámbitos sociales, desde la transformación del empleo hasta los problemas de salud mental vinculados al uso intensivo de plataformas digitales.
«No vamos a volver a un mundo analógico, pero sí podemos decidir cómo se desarrolla esta revolución tecnológica. La cuestión es si el ser humano seguirá estando en el centro o si las corporaciones definirán el rumbo sin regulación», concluyó.
La entrevista dejó planteado un debate que trasciende la religión y la tecnología para instalarse en una pregunta fundamental: qué tipo de sociedad quiere construir la humanidad frente al avance acelerado de la inteligencia artificial.














