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Desde hace varios días, el Palacio Municipal luce en su exterior luces naranjas que lo iluminan. Esto se debe a que todos los 28 de julio se conmemora en el país el Día de la Concientización y Sensibilización sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

La fecha nació como una iniciativa de la organización “Familias Leonas TDAH”, una agrupación que viene luchando desde 2016 para buscar la visibilización de esta problemática a través de distintas actividades, como charlas y debates, sumando la participación de organismos públicos mediante la iluminación de edificios y monumentos de naranja, color que caracteriza la campaña.

Según señalan desde la agrupación, el naranja surge del rojo, color del amor y el compromiso, y del amarillo que expresa al intelecto, que nos permite lograr nuestros objetivos, con afecto y conocimiento.

Cabe destacar que el 13 de julio es la fecha internacional sobre la concientización del TDAH, fue propuesta por el profesor Russel Barkley a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2012.

¿Qué es el TDAH?

TDAH son las siglas de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Se trata de un trastorno de carácter neurobiológico originado en la infancia que implica un patrón de déficit de atención, hiperactividad y/o impulsividad, y que en muchas ocasiones está asociado con otros trastornos comórbidos.

Aunque los síntomas de falta de atención y de hiperactividad pueden mantenerse en muchos de los casos, también son numerosos los casos de jóvenes con TDAH que se adaptan bien a la edad adulta y no tienen problemas de salud mental.

El TDAH puede convertir los encuentros sociales en un reto para las personas que padecen este trastorno. El simple hecho de hablar con otras personas o mantener una conversación puede ser un problema. Los consejos que presentamos a continuación pretenden ayudar a los adultos que padecen este trastorno:

Es fundamental para el diagnóstico de TDAH evaluar que estos síntomas nucleares de déficit de atención, hiperactividad e impulsividad se presenten:

1. desde una edad temprana: antes de los 12 años.

2. con una intensidad y frecuencia superior a la normal para la edad y la etapa de desarrollo del niño.

3. que deterioren o interfieran de forma significativa en el rendimiento del niño en dos o más de los ámbitos de su vida: escolar o laboral, familiar y social.

4. no ser causados por otro problema médico, un tóxico, una droga u otro problema psiquiátrico.

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